Aquella chaqueta de punto de un color blanco nuclear, cubría el cuerpecito de la joven, mientras que Eric seguía en manga corta, parecía no tener frío. Ambos, salieron de casa de Noa y salieron a la calle. Mientras salían, se cruzaron con Augusto, el portero, aquel portero que llevaba allí desde que Noa tenía uso de razón, aquel portero que había visto crecer a aquellas dos personas, que hoy, salían abrazados de aquel edificio.
- ¿ A dónde quieres ir ? ¿ Vamos al McDonalds ?
- Vale, me parece bien, que me tienes que invitar, te recuerdo... -. dice Eric como quien no quiere la cosa.
Las calles de Madrid, aún con una leve luz de día, las farolas se empezaban a encender, pero seguía haciendo mucho calor. Se notaba que era sábado, los sábado siempre hay más gente por la calle, los sábados siempre hay más ambiente, los sábados son perfectos y ese aún más en concreto. Lo que hacía que ese día fuera perfecto, eran ellos, aparentemente parecían algo más que amigos, había mucha química entre ellos, eran fantásticos.
- Dos bigmac's, porfavor.- pide él.
- ¿ Cómo sabías que quería un BigMac ?-. pregunta Noa extrañada.
- Te conozco demasiado bien, somos iguales, tenemos los mismos gustos.- replica Eric.
Cogieron las bandejas y se sentaron en la primera mesa que estaba libre.
- ¿ Cómo estás tan seguro ? -. seguía ella interesada en la conversación.
- Porque yo te gusto a ti, y tú me gustas a mi .- dijo Eric, tan natural como siempre.
Noa, toda colorada, le latia el corazón a mil, bebiendo su CocaCola tamaño ENORME, se atraganta, y le suelta un TEAMO.

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